viernes, 30 de octubre de 2015

VIEJOS



Tengo algunos alumnos ya mayorcitos (lo que se dice “de la tercera edad”) y una de las cosas más interesantes que aprendí gracias a ellos, e interiorizándome en la materia, son los principios básicos de la gerontagogía. Esto es lo que conocemos como pedagogía pero aplicada a la docencia de adultos mayores.
Sucede que escribí un artículo sobre el tema para una revista en mi barrio (Guía Agraciada) y me gustaría compartirlo en el blog.
Como fondo musical para esta lectura seleccioné la versión de “Adiós mi barrio” que grabamos con Got@n.uy, así que: “click” en “play”, seguir leyendo, y escuchar la música hasta el final.





Son múltiples los beneficios que conlleva el estudiar un instrumento musical. Aún sin aspirar a que sea ése el medio de vida, es sabido que la música: hace bien. Tanto es así, que actualmente se usa la música incluso como herramienta en terapias neuropsicológicas, neurocognitivas, neurológicas, etc. La música causa beneficios sobre la salud, de hecho, existe lo que se conoce como musicoterapia, una terapia alternativa que apunta a mejorar el estado anímico y el bienestar a través de los sonidos.

El aprendizaje de un instrumento, incide en el desarrollo cerebral y mejora la capacidad en muchas áreas: lenguaje, memoria, lecto-escritura, motricidad, atención y concentración, sentido rítmico, inteligencia espacial, análisis y síntesis, etc.

Son capacidades y habilidades, casi imprescindibles en la formación de cualquier persona. Sin olvidar el valor cultural y humano que representa el poder expresar emociones y sentimientos de manera artística, así como la capacidad de reconocer, valorar y emocionarse. No es menor la autoestima y confianza que se adquiere, a través de los logros obtenidos con el propio esfuerzo y con la experiencia de hacer música frente a público. Ser evaluado, criticado, elogiado y reponerse de errores cometidos, contribuye notablemente al crecimiento personal y resulta enriquecedor para que los niños se desarrollen como personas solidarias en su ámbito social.

La educación musical en la infancia es una de las mejores inversiones no solamente para el desarrollo del niño, sino también para la salud cerebral en el futuro envejecimiento, compensando la pérdida cognitiva propia de esa etapa.

Muchas veces sucede que por esos avatares de la vida no hemos podido dedicarnos a aprender música durante nuestra juventud y siendo ya adultos mayores consideramos que ya no podemos, o sencillamente ni siquiera nos planteamos esa posibilidad.

Pero sucede que justamente es la tercera edad una etapa ideal para ponerse a estudiar un instrumento.

A toda persona, incluyendo a los adultos mayores, le conviene ejercitar su mente mediante la lectura comprensiva, el desarrollar resúmenes, hacer crucigramas, sopas de letras, sudokus, armar rompecabezas, aplicarse en juegos de buscar semejanzas y diferencias, etc. Si bien es cierto que la memoria inmediata comienza a disminuir con la edad y que con el envejecimiento experimentamos cambios físicos y mentales, está plenamente demostrado que conservamos casi intacta la facultad de adquirir nuevos conocimientos, es decir, el hombre puede aprender en cualquier etapa de su vida.

Es decir que –además de todos los beneficios mencionados anteriormente – cuando una persona “anciana” se decide por el aprendizaje de un instrumento, se está decidiendo por una nueva actividad con la cual ocupará parte de su tiempo. Se está decidiendo a ejercitar - como jugando - sus capacidades, aprendiendo cosas nuevas, socializando y teniendo un claro objetivo. La Neuropsicología establece que la música ayuda en la soledad, previene enfermedades mentales, reduce la depresión, etc. En fin… mejora la calidad del envejecimiento y el estar más activo físicamente.

Del mismo modo que está establecida la “iniciación y/o educación musical” para niños en tantísimas guarderías, jardines y escuelas, existen muchas/os docentes especializados en pedagogía. Pero no es lo mismo la enseñanza con niños (pedagogía), que con adultos (andragogía), ni con adultos mayores. Así como tienen su rol los pediatras y los geriatras, también debería haber docentes especializados en gerontagogía musical, es decir la enseñanza musical para adultos mayores.

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