miércoles, 29 de agosto de 2018

VERANO SUBJETIVO


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Para mis alumnos, con todo el cariño de un docente de a ratos intransigente, a veces irónico por demás, otras veces más bien calladito.

El aporte de hoy puede resultar un poco pesado para algunos (pesadazo en realidad). Recomiendo encarecidamente disponer de bastante tiempo para disfrutarlo. Me consta que muy pocos lo soportarán hasta el final y a los que si lo logran: chapeau!
Es una temática que me fascina y es objeto de los talleres que hago sobre interpretación de la guitarra clásica sudamericana, especialmente en lo que refiere al tango.

LENGUAJES ESTILÍSTICOS:
A la hora de interpretar, por ejemplo, una obra de Fernando Sor (compositor español  del período clásico), contamos con varios recursos interpretativos a fin de “sacarle todo el jugo” a la obra –como me explicaba Amílcar Rodríguez Inda y Eduardo Fernández. Recursos característicos, que se aplican para las obras de ése período y que aplicados a obras de otros períodos (por ejemplo el barroco) NO quedan bien, es decir: sin los recursos adecuados no llega a aflorar la riqueza musical de la pieza en cuestión.

TANGO:
Lo mismo sucede con el tango y lo podemos apreciar muy bien en las obras de Piazzolla. Muchos de los recursos que utilizamos en este género los aprendí tocando tango de la manera más tradicional, intuitiva, “a la parrilla” como dicen los tangueros, con “barro” al decir de Aníbal Troilo, escuchando mucho a guitarreros como Grela, y atendiendo las indicaciones de Carlitos Morales, Julio Cobelli y también de Numen Vilariño.
Así es que nos “embarramos”, pero sin olvidar nunca que NO tenemos la destreza ni la ductilidad de los mencionados Guitarreros, y recordando siempre que  estamos tocando guitarra clásica.

Pequeña anécdota: la primera vez que le mostré a mi Maestro (Amílcar Rodríguez Inda) como había estudiado el preludio 1 de VillaLobos, él me dijo: “escuchaste a Narciso Yepes, no?” “Claro”, le dije. “Se nota” contestó.

Aún sin haberlo intencionado yo estaba copiando la interpretación de Yepes.
Fue la primera lección hacia una búsqueda de interpretación propia, iniciaba el largo camino de una búsqueda interior.
Hoy sé, que cada vez que interpreto una obra, sucede como dijo Washington Tabárez: cuando los jugadores salen a la cancha, van con todo su bagaje de vivencias, llevan consigo a sus seres queridos, al vecino, a todo un pueblo.

PIAZZOLLA:
Vamos a comparar algunas versiones (12!) del tema Verano Porteño – siempre breves fragmentos –a cargo de distintos guitarristas, y escuchar los recursos utilizados, o no, en función de la interpretación.
(en realidad recopilé 32 versiones…pero me apiadé de los seguidores del blog)
En cada ítem podrán leer los muy breves (y muy subjetivos) apuntes que tomé sobre cada interpretación. Quizá me pasé de atrevido. Seguramente lo hago. Tomémoslo con humor y –por si acaso – desde ya me disculpo.

DIVERSIDAD:
En qué medida influyen las diferencias culturales, en las distintas interpretaciones, es un tema que tiene que ver. Incide. Pero no lo voy a considerar.
Luego resulta divertido enterarse de las nacionalidades de los intérpretes… (por jugar un poquito con los estereotipos y sin caer en prejuicios, claro está) y que viva la diversidad!

En general todas las versiones están como apuradas y solo algunos logran darle cierta autonomía a la línea de la voz grave (el sostén rítmico del bajo) y diferenciarlo de las otras voces, todos las tocan como complementos verticales y no como líneas paralelas.
(Pido disculpas por las diferencias de volumen de algunas grabaciones.)
1.         Danza casi jocosa, acentuaciones sin prolongación tanguera




2.         Muy linda versión, con lindos “rubati” (estirar y/o apurar el tiempo musical), y también variaciones en los matices, los distintos colores sonoros,  aunque trasciende el estereotipo latino-europeo, tango=flamenco, demasiado presente la danza

3.         Estereotipo latino-europeo, tango=flamenco, se percibe una sana influencia rioplatense, aunque no llega a hacer sentir el verano, ni lo porteño, lo peor es que se escucha como marca el tiempo golpeando con el pie.

4.         Excelente, tempo mesurado, calor, “barro”, “yeite”, etc. etc., pero flaquea en lo elaborado de la guitarra clásica: voces y matices

5.         De lo mejorcito, pero parece disfrutar más de su técnica que de la música

6.         No entendió nada

7.         Está el Tango, tempo mesurado, creo que se fue de mambo con el arreglo, parece un puzzle mal armado, quizá producto de mistificar la figura de Piazzolla, parece otro tema inspirado en Verano, donde importa más la nueva versión que el tema en sí. Excelentes – eso si - las variaciones de colores y de dinámica (el manejo del volumen)



8.         Lo más elaborado, pero cae finalmente en el estereotipo de Tango=danza, a tal punto que caso parece un bolero.

9.         Son como patadas de karate. Sin respiración. Otro estereotipo? Quizá asiático?

10.     Uno de los pocos que logra un juego de voces paralelas entre el bajo y las demás voces. Pero es de una llevada rítmica casi militar, ausencia casi absoluta del rubato y un arreglo que también se va de mambo.

11.     Todo un atropellado, que busca en la cuerpeada llegar a convencer aunque uno se resista. Tiene alguna nota mal, pero por sobre todo parece tener miedo al silencio.

12.     La siguiente es por lejos la mejor versión. Seguramente en la actualidad la interpretaría distinta, pero básicamente tomaría el mismo camino, quizá con un poco más de madurez. Digo yo. Dejo la versión íntegra mientras seguimos leyendo.


Las interpretaciones que hemos escuchado pertenecen a
los siguientes colegas:
1.         Julio Almeida - Ecuador
2.         Aniello Desiderio - Italia
3.         Antonio Malinconico - Suiza
4.         Cacho Tirado - Argentina
5.         John Williams - Australia
6.         Jonas Kublickas - Lituania
7.         Mirta Alvarez - Argentina
8.         Per Olov Kindgren – Danés, sueco y colombiano (¡!)
9.         Shinichi Fukuda - Japón
10.     Vladimir Gorbach - Rusia
11.     Brandon Acker - EEUU
12.     Fernando D’Ávila - México
13.     Michael Lucarelli - Italia
14.     Pablo Cámpora – Prado norte, Montevideo

Sin ánimo de ofender a ningún colega, ya sea por incluirlo o por excluirlo, espero que este blog haya sido didáctico y divertido.
Salud!

miércoles, 18 de julio de 2018

BALTAZAR


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Baltazar Benítez, Durazno 1944 – 12.07.2018 Tilburg (Holanda)



Lo recuerdo como si fuera hoy. Estaba yo dando mis primeros tumbos en este oficio de la guitarra clásica, cuando el tío (Jorge Risi) en una de sus tantas clases que le robé, me preguntó si yo tenía algún referente, un “ídolo”… Sin dudar respondí: “Baltazar Benítez!”
El tío volvió a preguntar: “Pero escuchaste a Julian Bream?  Alirio Díaz? Andrés Segovia?”
“Si, claro!” –respondí-  “me quedo con Benítez”.
Durante las clases que tomaba con Amílcar Rodríguez Inda, quien fue mi MAESTRO fundamental, él me contaba muchas cosas del “Negro” Benítez. Me mostraba las cartas y postales que se escribían con sus códigos de amigos. La alegría de Amílcar, las anécdotas, …todo agigantaba aún más la figura de Benítez en mi cabecita y también mi admiración.
Años después me tocó emigrar y estudiar con José Tomás (Guitarrista español, otrora asistente del mismísmo Andrés Segovia), con quien a la tercera clase discutimos de forma muy desagradable. Lo último que me dijo fue: “Debes corregir el pulgar, sino tendrás el mismo problema que tiene Baltazar Benítez”.
Fue la única de esas tres clases que me fui conforme, contento, casi felíz.
Quiso el destino que pocos años después tuve la oportunidad de estudiar con Baltazar. Vivíamos en Alemania y el viaje a Tilburg (Holanda), donde vivía Baltazar, me llevaba dos horas manejando. La primera vez que lo llamé él no me quiso atender. Hable con su señora, la cual me explicó su casi depresivo estado de ánimo, tras un largo quebranto de salud que no viene al caso contar. No obstante ella me invitó a que fuera a visitarlos y charláramos un rato.
Fui, con mi guitarra, y toqué algunas piezas de Piazzolla, precisamente en arreglos hechos por Benítez, y le expresé mi deseo de estudiar con él (fundamentalmente quería saber cómo lograba ese trémolo perfecto).
Él ya no quería dar clases. Sin embargo parece que mi visita tuvo cierta influencia anímica, pues tras la charlita de unas dos horas, me dijo que me esperaba la semana siguiente, para continuar charlando. Yo feliz.
No fueron muchas clases, pero eso si: muy intensas. Trabajamos varias piezas de Barrios, Piazzolla, la suite 3 de Bach y algunos Tangos arreglados por Rapat.
Nunca llegamos a establecer una relación más profunda…lástima. Pero bueno, es lo que me tocó.
Lo que sí sé, es que como guitarrista, además de un virtuoso técnico, es un intérprete fuera de lo común. Un Artista que se adentró con su guitarra clásica en todos los estilos posibles (incluyendo el tango arrabalero) y en cada obra, cada estilo, entregaba su personalísima y hermosísima interpretación. Dentro de los distintos lenguajes estilísticos, lograba ofrendarnos su aporte creativo en cada pieza.
Siempre digo que hay pocos colegas, cuyas interpretaciones me mueven el piso…Benítez es uno de ellos. Le he “robado” varias ideas interpretativas…y con mucho orgullo puedo decir que hasta hoy mantengo vivo “el mismo problema del pulgar”, al cual se refería el gran José Tomás.   
PAH!!! dijera Amílcar,
GRACIAS Baltazar!



Les dejo aquí el link a uno de los programas de “Miércoles de Guitarra” (de Alfredo Escande y Numa Moraes…con permiso) dedicado a Benítez:
También les comparto este texto que escribió el colega Gonzalo Solari desde Italia (permiso Gonza), y que me gustó mucho por ser vivencias más o menos parecidas a las propias:
En aquel invierno montevideano y austral de 1971, yo tenía quince años y andaba a los piñazos con el Estudio N° 1 de Heitor Villa-Lobos.
Me lo había escrito a mano con su caligrafía inconfundible mi querido Maestro de entonces, el siempre recordado Amílcar Rodríguez Inda.
Apoyaba la guitarra boca abajo sobre sus piernas y el fondo de aquella Orozco que llenó mi adolescencia de arpegios y escalas, se transformaba en una mesita improvisada.
El timbre del cartero interrumpió la clase.
Amílcar bajó con su proverbial parsimonia.
Por la escalera había prendido su Montevideo Extra que apretaba entre el anular y el meñique de la mano derecha aun cuando no empuñaba la guitarra.
Él me enseñó a tocar aguantando el cigarrillo con esos dos dedos.
En aquella piecita del apartamento de la calle Evaristo Ciganda había que apartar el humo con la mano.
Volvió leyendo una carta cuyo sobre vacío asomaba por uno de sus bolsillos traseros.
-Pah, Gonzalo, tá brava la niebla!-dijo mientras agregaba rochense y castizamente:
-Sabes que me ha escrito El Negro?
-Qué Negro?-pregunté yo
-El Negro Baltazar Benítez
Amílcar leyó la carta en voz alta.
Hoy mentiría si dijera que recuerdo el contenido pero me quedó prendado el "tono" eufórico de aquellas líneas que habían zarpado de una España aún más lejana para un canarito como yo que todavía vivía en Fray Bentos.
Lo que no olvidaré jamás es el encabezamiento: Querido sopeti.
Aquella fue la primera vez que oí hablar de ese amigo, compatriota y extraordinario guitarrista que fue Baltazar Benítez.  
El destino lo golpeó duramente pero él se defendió como pudo y cuando ya estaba contra las sogas, le dio "áperca" en la mandíbula con sus grabaciones que son la mejor manera de esquivar golpes mortales y de recordarnos que ausencia no es olvido.

Y no pueden faltar algunas de las interpretaciones que más me conmueven de la guitarra de Benítez, algo así como “Benítez Esencial”:
1. el segundo movimiento de la sonatina de Moreno Torroba que escuchamos al inicio, y además:
2. “El último canto”, de Agustín Barrios
3. Vals Op8 Nº4, también de Barrios
4. Preludio de Suite BWV 996, de J.S. Bach


SALUD!!!!